Me gustaría recordar cómo llego a mis manos “Cosas que hacen Bum”, aunque creo que sería en la biblioteca, porque nunca he tenido ese libro. Me gustó tanto que lo leí en tres días. Poco después vi en el Cultura/s a Kiko Amat, entrevistado. Compré “Rompepistas” la semana que llegó a las librerías. Me costó más encontrar sus artículos en el suplemento, que hoy me han hecho sonreir en la biblioteca. Y hace unas semanas caí aquí, http://laescuelamoderna.blogspot.com/, a través de la web de The New Raemon. Y esta cadena me recuerda que tengo un post pendiente, o dos o tres. Volveré pronto.
Solilokio no ha caido en el olvido, pero anda inmerso en otras cosas que reclaman su atención, como los inminentes exámenes. No por eso deja de ir a ver exposiciones interesantes, como la que el otro día pudimos ver en el MNAC sobre “1000 años de historia”, o la visita a ese gran lugar que parece Hangar, una idea que deberíamos importar a Zaragoza y a cualquiera de esos equipamientos que el Ayuntamiento se empeña en mantener cerrados y vacíos.
Allí vimos el trabajo de Sergi Botella, tal vez en exceso autoreferencial pero muy interesante -en su “escaparate” de ideas estaba Ballard, y la campaña de Lidl “Lujo para todos” con la que Solilokio hizo hace años un trabajo que tal vez algun día deje por aquí- y que me enganchó desde el principio. También conocimos a David Bestué y Marc Vives, y ambos trabajos me llenaron de ilusión: no hace falta dominar una técnica para expresar ideas a través del arte, aunque eso no quite para que la investigación en las técnicas sea fundamental para que un artista alcance su objetivo… de eso habla, en parte, el texto sobre la exposición sobre Yves Klein en el Círculo de Bellas Artes de Madrid que entregué el otro día y de la que os dejo un trocito aquí para quien se pase por este blog en estos días de paréntesis.
Yves Klein, el vacío azul
Conocido por su inimitable e imitadísimo color azul, Yves Klein está otra vez de moda, y no solo en las prendas de la temporada. Veladas por su monocromía, el arte y lo que es lo mismo, la vida de Klein, son la metáfora de una época, los últimos cincuenta años, caracterizados en lo artístico y en lo espiritual por la búsqueda de sensaciones, y que ha sido, a su vez, “una era del vacío”. El artista que puso la idea siempre por delante de la ejecución, sin dejar por ello descuidado el perfecto dominio de las técnicas, es precursor de muchos artistas contemporáneos pero él, o eso intenta explicarnos la exposición del Círculo de Bellas Artes de Madrid, también tuvo su herencia.
La profunda preocupación artística del joven Klein y su decisión por la monocromía en su búsqueda de una nueva vanguardia, así como su técnica escultórica y pictórica, su conocimiento del oficio del dorador, no son casuales. Klein nació en 1928 en Niza y pasó su juventud de forma apacible, en el sur de Francia, en el círculo de pintores del ‘Grupo de Grasse’ al que pertenecían los amigos de los padres. La década de los cuarenta estuvo marcada por a abstracción expresionista, que representaba casi la uniformidad en el rechazo a la figuración y la preocupación por la forma y el color.
A la pugna entre abstracción y figuración no eran ajenos el padre de Yves, Fred, paisajista y pintor lírico, del que solo vemos en la exposición un retrato de Yves y su madre Marie Raymond, y una vaga representación sus acuarelas marinas. Su madre, en cambio, fue una representante del informalismo parisino que exploraba las formas orgánicas en pequeño formato.
Pero la representación de la obra de Raymond, que atraviesa su cronología, queda apagada y ocultada por la de su hijo y su apabullante ‘Arbol azul’, plantado frente a un jardín Zen de pigmento azul. Desde el momento que se entra en la sala, el visitante se queda atrapado por esa masa de color, poniendo en evidencia el contraste de intensidad que logró el artista entre la pintura que a él le insatisfacía y la desarrollada por él a partir de nuevos aglutinantes para el pigmento puro.
(…)
La oportunidad que sus contactos y su fama incipiente le brindan para experimentar le llevará a trabajar con la pintura de fuego y a fijar, mediante patente incluso, este color que da nombre a una época. En colaboración con químicos, desarrolló una resina sintética capaz de mantener intacto el brillo del pigmento, su intensidad de color que debía transportar al espectador, inundar por completo su percepción.
(…)
Como nos muestran las proyecciones, Klein llevó su arte más allá de su taller: a su vida personal, convirtiendo su boda en “su mayor obra de arte”, componiendo una única sinfonía monocorde y realizando una de las ‘performances’ más conocidas, cuando en una galería parisina, delante de enjoyados amantes del arte y al son de una orquesta tocando un solo acorde desnudó a las modelos y solo con sus gestos, pintó sus anatomías, azules por supuesto, en un enorme lienzo blanco.
Llegó a cuestionan los iconos del arte clásico en sus esculturas -’Venus azul’, ‘El esclavo de Miguel Ángel’ y ‘La Victoria de Samotracia’- pero su principal reacción al arte tradicional, y por lo que probablemente Klein pasará a la historia más allá de nosotros fue ‘Le vide’, la exposición en la que todo lo que se ofrecía al visitante era una sala vacía y pintada de un intenso blanco. La visitaron miles de personas.
Puede que ‘Salto al vacío (el hombre en el espacio)’, una fotografía vertiginosa y que hace dudar de si es un montaje o no sea el mayor legado icónico del artista francés, que murió repentinamente en 1962. Su paso hacia lo conceptual y lo inmaterial, del que beberán tanto el arte venidero como la publicidad, le convierten todavía hoy en un absoluto contemporáneo. Y no solo porque el próximo verano se lleve el azul Klein.
‘Marie Raymond e Yves Klein. Herencias’ Sala Picasso del Circulo de Bellas Artes. Del 28 de octubre de 2009 al 17 de enero de 2010. Visita virtual en www.circulobellasartes.com.
El arte es magia. Es ver lo que no está antes de que esté. Es hacerlo aparecer ante los ojos de los demás sin desvelar el truco. Apliquenlo a cualquier disciplina artística, verán que la definición funciona por lo simple.
De todas las magias del arte, una de las que me parecen más fascinantes es la de la escultura, por mi pésima capacidad de abstracción espacial. Por eso me encantó ver el Museo Pablo Gargallo tan a fondo como lo he hecho gracias a los profesores de Arte del siglo XX y de Técnicas. Te hacen fijarte en todos los detalles y pararte en cosas que suelen pasar desapercibidas. Estoy hablando de la sala en la que explican cómo Gargallo construía sus esculturas de chapa de hierro, primero en piezas de cartón y luego ya ensamblándolas en metal. Voilà, de las dos dimensiones a las tres, del cerebro al espacio.
(podeis ver sobre estas líneas los cartones para ‘Greta Garbo con sombrero’
y el resultado final)
También me ha gustado cómo han dejado el museo. “Voy a ver el museo Pablo Gargallo, ¿os venís?”, pregunté a varios amigos. “¿Y qué hay?”, me preguntaban. Puede resultar raro querer ir a ver un museo solo por ver el museo, y más si este está dedicado solo a un artista. Pero si Rodin tiene su museo en París, es de justicia que Gargallo tenga uno en Zaragoza. Lástima que tenga algo de laberinto, tanto que si vas deprisa, te puedes perder alguna sala. Pero merece la pena pasear por el patio de ese palacio tan bonito, el de los Argillo.
Todo el mundo hace balance del año que se va cuando llegan estas fechas. Esa actitud me parece inútil porque ya no hay opción de enmendar el resultado si te da negativo. Pero en mi balance del año solo voy a hablar de conciertos y no creo que haya motivo de enmienda ya que el último concierto del año, el del martes con los Kyoto versionando a Mark Kozelek, que estuvo rarito pero estupendo.
Y voy a empezar con los Kyoto pues, a los que vimos en Le Pastis este verano. Me gustó el ambiente, al lado del río. La compañía, la coca-cola fresquita y “Todo rojo”. Podéis escuchar un trocito de ese concierto pinchando en este vídeo.
COMO EN CASA
No son el único grupo local que vimos este año, en realidad fueron muchos: otro año más estuvimos en la Demoscópica con Domador y sus trajes espaciales, y los granadinos Elastic Band, bastante divertidos. Las semifinales del Muévete en directo trajeron una buena selección de lo que se hace en la ciudad. Recuerdo sobre todo a los China Chana, que petaron el concierto de gente y se ganaron con el apoyo popular el paso a la final. Al final, ganaron los Estige, pero ellos dejaron buen recuerdo, sobre todo el día de la final. Lástima que cierta persona maleducada y gritona no nos dejara escuchar la suavidad de las Mrz. Crocodile… será mejor verlas en algún sitio más íntimo…
En realidad, mis favoritos del concurso eran El Factor Humano, que podeis ver aquí actuando en el Luna Lunera de Sos, un festival que tengo en la lista de pendientes para próximos años…
Pero también vimos a muchos grupos locales en otros sitios, aparte del Muévete. Recuerdo la ¿despedida? (con estos nunca se sabe) de los We&Dem en el Arena Rock, apagón incluido… aunque el más emotivo fue el del Zorro, con la gente dándolo todo… Allí también vimos a los Ricochefo, a los que vimos otra vez en el parque de La Paz. Y por suerte, el local del Caracol acogió algún concierto de los que se quedaron huérfanos cuando la Arrebato tuvo que echar provisionalmente el cierre.
ARREBATOS
Pero antes de octubre fueron muchos los conciertos que vimos en la Arrebato: desde la presentación del disco de Interlude en la que no cabía ni un alma (y que en realidad no estoy segura de que fuera en 2009 o más bien a finales de 2008), a conciertos en familia como el de los ruidosísimos Aghostino, que me encogieron el estómago literalmente. Ese día los tapones que nos dieron en la puerta hacían falta de verdad. Son muchos los conciertos que vimos en esa sala, así que a ver si vuelven a abrir, por nuestra salud mental y musical.
Y es que no es fácil traer música en directo a Zaragoza. Que se lo digan a la Ozono, que dejo de programar conciertos poco después de que actuaran allí los Persona. Con gran chulería, la Policía Local se presentó en el local a la medianoche en punto y bajo amenaza de multa, el concierto se tuvo que interrumpir cuando los zaragozanos solo habían tocado un par de canciones. Curioso que al salir a la calle, una procesión de Semana Santa fuera atronando con sus bombos por la calle, y eso no molestara a nadie.
LAS SALAS
También en 2009 tuvo que echar el cierre la Oasis. Fue una suerte ir al último concierto de la anterior etapa, el de Asian Dub Foundation. Después de solucionar los líos urbanísticos, volvieron a abrir, pero desde entonces nada de lo que han programado allí ha llamado mi atención (y ha coincidido que pudiéramos ir, ya que nos perdimos la fiesta organizada por el Desafinado, que también montaron otro concierto sabroso de bugalú en la Reset, el de Los Fulanos). Aunque la Reset no es el mejor sitio para ver conciertos, me alegra que hagan cosicas. Esperaremos pues la programación que estas dos salas van a hacer para el próximo año.
A MOGOLLÓN
Aunque lo parezca, no hemos ido solo a conciertos pequeños, pero es que de conciertos multitudinarios Zaragoza no anda muy surtida (y Madonna no nos gusta). Nos escapamos, eso sí, a Barcelona a ver a los Killers. Ver a miles de personas desgañitándose al unísono desde la ultima grada del Olimpic no tuvo precio (ah, si, que las entradas costaban 35 euros y la cerveza a precio de oro líquido), y el finde barcelonés en familia tampoco. Aunque no sea lo mismo, os podéis hacer una idea aquí…
Y ya de vuelta a Zaragoza, además del concierto de Franz Ferdinand que enlacé el otro día, y ver a los esperados Vetusta Morla en el Pilar después de no haber podido ir ni a Huesca, ni a Ejea ni al Luna Lunera (donde demostraron ser remajos y tocaron a pesar de que el tiempo lo impedia) me quedo con el FIZ, con Love of Lesbian y Los Planetas decepcionando un poquito y los Mogwai sorprendiendo muy muy gratamente a pesar de los que van a los conciertos a contarse la semana y no a escuchar…
Algo que, en cambio, importaba poco en el concierto de Violadores del Verso en el Zaragoza Ciudad: bastante teníamos con el chaparrón que nos cayó encima. Suerte que era veranito y estabamos “en la playa”, y como estábamos en medio de la nada, no fue demasiado grave y el concierto pudo seguir. De ese día me quedo con la actitud de Ramón, el manager, dando el callo en la puerta para que todo funcionara bien, asegurando que el concierto iba a seguir pasara lo que pasara mientras se veían unos rayos de asustar en el cielo de la Expo.
Si, los Violadores son el “máximo exponente” y por eso les hemos visto donde hemos podido. Nos perdimos el concierto que Kase-O dio con su banda de jazz en El Zorro, que algunos dicen que fue de lo mejor del año, pero hemos bailado en varias fiestas con el Rumba y estuvimos en el Buena Chen… este año repiten y allí volveremos a ver que traen de nuevo, y a apoyar a la buena gente.
BAILANDO EN LA PLAYA
Si hay una novedad de 2009 en cuanto a escenarios, esa fue la de los Festivales del Ebro. En ese programa se incluían los conciertos en Le Pastis y en varios kioskos de la ribera, aunque los conciertos más grandes fueron los organizados en Las Playas. La verdad es que en el asfixiante verano, se agradecían los conciertos a la fresca: pero a los organizadores se les fue la mano un poco con la ubicación. Bigott les contaba así a Aragón Musical como fue el concierto: “Fue bien, cabía un crucero americano entre el escenario y el público pero no vi pasar ninguno”.
(la fotaza es del Zaragoza Ciudad y se la he cogido prestada a Gustaff Room)
La verdad es que hacía bonito ahí el escenario con el agua alrededor, la luna al fondo y las ranas cantando, pero ya que estábamos cuatro gatos, como en el concierto de Experience o en el de las fantásticas Nouvelle Vague, se hubiera agradecido un poco más de amabilidad por parte de los seguratas, que, especialmente en el concierto de Raimundo Amador, a la mínima que nos acercábamos al agua sacaban sus “buenos modales” a relucir.
El verano se acabó oficial y musicalmente en septiembre con el aniversario de la Arrebato, un fin de semana muy divertido y especial en el que descubrí al grupo que últimamente más minutos acapara en mi lista de reproducción, los Nueva Vulcano. Esperamos verles en Zaragoza en 2010 pero está la gran duda de donde: ellos mismos se lo contaban a las chicas de Clic!
DANDO LA LATA
Escenarios grandes y pequeños, veo que 2009 ha cundido (que ya llevo dos folios y si has llegado hasta aquí es que eres una valiente). Me olvido de un montón de cosas: del Bodarock con los Patera, del Antifafest con Huellas de Barro y los Criatura (que buenos son), de recitales de poesía musicales con los Betorringas y los poetas eclipsados… me dejaré bastantes cosas más seguramente.
Pero de todas las experiencias musicales me voy a quedar con la que más vivamente recuerdo. Todo ocurre en ese espacio necesario para nuestra salud mental que es La Lata de Bombillas (allí vimos también a Joe Lally, que bonito). Muy cerca del escenario, donde unos locos no hacen más que cambiarse los instrumentos y hacer música deliciosa. Más o menos como hicieron en Roma, por lo que veo…
Y hasta aquí el 2009 musical, según Solilokio. Mantengan sus posturas raras en 2010, que nos sientan tan bien. Y si van a un buen concierto en Zaragoza, allí nos veremos…
Anda todo revuelto con la cuestión de la nueva ley que controle los contenidos digitales en Internet y que se plantea el cierre de páginas web sin orden judicial previa. Otra vez esgrimiendo la bandera antipirata para justificar el recorte de libertades, ya cansa.
El debate en los medios llega unos días antes de varias reflexiones que en primera persona -virtual o física-me comentan. Hablo de la entrevista a Dani Ro y Menikmático que sale publicada hoy en el Muévete. Estos dos chicos, viendo cómo las discográficas no les trataban demasiado bien, teniendo los recursos a su alcance y aprendiendo sobre nuevas herramientas de distribución, han decidido regalar su nuevo disco en la web. Y en la reflexión sobre el porqué hacerlo nos dejan unas cuantas ideas.
Para empezar, dicen que ellos preferirían que las cosas no funcionaran así. Que la gente siguiera comprando discos, y que si les gusta el suyo, que para eso se lo han currado, pues que lo compraran también unos cuantos fans, los suficientes para pagarse un nuevo disco. Que lo de vivir del arte ya lo olvidaron hace tiempo. Pero como no es así, pues mejor regalan el disco antes de que lo hagan otros, y después intentan currárselo de otras formas para recuperar la inversión.
Después, se plantean si la gente dejó de ir a conciertos cuando inventaron el gramófono, o cuando se inventó la radiofórmula, o la gente pudo hacer copias en casete o en cedé del disco que se había comprado su vecino en El Corte Inglés. Y luego Internet. Y resulta que no, que cada vez hay más conciertos y grandes festivales, lo que significa más público. Segunda razón para sacar un disco gratis en Internet y no tener miedo de que se venderán menos copias, ya que la recaudación en taquilla, si la música merece la pena, debería ser igual o mejor que antes.
Y la tercera razón, la de “el soporte está obsoleto”. Lo saben todos los que tienen el trastero lleno de cintas vhs, de casetes musicales, los que compraron minidisc pensando que aquello iba a ser el sustituto de cd, y un largo etcétera de tecnologías efímeras. El cedé nos servirá unos añitos, pero a la larga, vendrá algún avispado inventor y una campaña de márquetin que nos contará las mil maravillas de otro invento. Y tendrás que llevar al trastero tu colección de plastiquitos redondos y hacerle hueco en el salón a un nuevo reproductor.
Es lo mismo que cuenta Sergio en su blog literario. A cualquier friki de las letras se le pondrían los dientes largos pensando en una biblioteca infinita que cabe en un aparatito más pequeño que el más pequeño de los portátiles. Pero siendo realistas, el cacharro se cascará a la larga y a ver que haces con todos esos libros digitales que compraste pensando que el e-book sustituiría al papel.
Que no nos engañen, que hay cosas que la reproducción técnica no nos va a quitar. El caso del libro es antiguo y nos quitó la tradición de contarnos historias unos a otros, pero hay que reconocer que es un gran invento. Y siguen ahí los recitales de poesía, las obras de teatro… claro, nadie lee novelas en voz alta, pero eso es un ejemplo de cómo un buen soporte fomenta nuevas formas artísticas, y no de cómo acaba con ellas. Y no habrá, por esas cosas de la huella y del aura, un soporte musical capaz de transmitir lo que se vive en un concierto, ese encuentro entre gentes a las que les gusta lo mismo, que bailan y montan una fiesta en torno a la música, no se acabarán los directos. Porque hay cosas que no se pueden piratear.
(como muestra, un botón. Franz Ferdinand cantando ‘Walk Away’ en el mejor concierto de la temporada en Zaragoza. Es el mejor vídeo que he encontrado en youtube)
Raúl ha roto la hucha y nos ha regalado su ‘Calderilla’. Me propuse escribir algo bonito en cuanto lo pudiera leer, aun sabiendo que me va a costar explicar porqué vale la pena dedicarle una tarde o unos cuantos viajes en autobús a leerse estos 32 relatos escritos por mi amigo. Son textos desiguales pero que tienen en común una cosa: el oído atento a la anécdota que merece volver a ser contada fuera del reportaje periodístico o del ‘petit comité’ de bar a la una de la mañana.
La capacidad de construir una ficción interesante a partir de un sueño de siesta o una pintada en la pared de la fábrica es un truco que Raúl comparte con otros escritores coetáneos, esa capacidad de saber que algo gustará porque todos, tarde o temprano, hemos pasado por ese trance (‘Comida de presentación’, ‘Olivas negras’) o nos gustaría vivirlo (‘Negociación’).
Creo que Raúl querría ser un cínico, pero es demasiado tierno. Lo sé por lo que lo conozco y también porque he leído ‘Gravitación universal’ y también ‘De un trago’, y también ‘Tan solo un sueño’ y ‘Añoranzas’. Amor puro, deseo más aún, romanticismo doméstico en su cara y en su cruz. También hay sitio para la música y la historia en su libro, la que no se sabe a ciencia cierta si coincide con la Historia, porque hemos perdido el documento, o nunca existió. Poco importa.
“¿De verdad Walter se colgó en su cuarto?”, le pregunto en la mesa de siempre, mientras dibujo círculos con el agua condensada en la pinta de cerveza. Raúl encoge un poco los hombros y lía otro cigarro: “Ahí está el juego”, contesta.
“En un buen cuento siempre encontramos algo que pueda servirnos”, dice una cita del alemán encontrada en un periódico. Alguno de los relatos de ‘Calderilla’ tiene esa potencia. Pero aunque me haya gustado el libro, yo me quedo con los lunes en el bar.
El libro ‘Calderilla’ del escritor zaragozano Raúl García está editado por Eclipsados y si no está aun en las librerías, ya falta poco.
Quería escribir sobre “Lágrimas de Eros”, la exposición que hay en el museo Thyssen. Pero si os interesa seguro que ya habeis leído u oido algo sobre ella, aunque no todo esté dicho y los periodistas nos quedemos con el que parece buen titular a la primera.
He encontrado algo más interesante. Se trata de la web del museo, todo muy 2.0. Tienen un buen vídeo sobre la exposición, una visita virtual y los textos que acompañan cada sala. Además de hacerlo, se esfuerzan por explicarlo en la red. Y han creado un buscador a partir de Google en los contenidos de las páginas de más de cien museos de todo el mundo, que va a ir directo a mis favoritos.
La imagen es del fotógrafo Emilio Naranjo. La escultura es ‘Liberada’, de John de Andrea.
Lunes, diez de la mañana, facultad de Filosofía y Letras. Una profesora entusiasta en su materia -técnicas artísticas- invita a un eminente profesor de arte del Instituto Superior de Arte de La Habana a dar una charla a sus alumnos.
Él, haciendo un resumen de la conferencia que va a dar por la tarde y ayudado de diapositivas, presenta una selección de los artistas cubanos -y matiza, ‘cubanos, en Cuba’- exponiendo interesantes ideas y propuestas que se pueden ver en las galerías de la isla y también en salas europeas. Nos pone numerosas imágenes en las que los artistas hablan de la conciencia de ser una isla, de la disidencia y su represión, sobre la imposibilidad de viajar a la que se enfrentan los jóvenes cubanos, la violencia sobre las mujeres, incluso, del sexo, del género, de la ética de la reproducción asistida.
Y cuando se abre el turno de preguntas, una detrás de otra, todas las cuestiones intentan poner en un brete al hombre que, con sencillez y sinceridad, nos acaba de decir que cree en la revolución aunque no lo haga en los líderes, que trata de inculcar a sus alumnos la importancia del acto de creación como acto de transformación. “¿Hay libertad en Cuba para crear?” -dicen al fondo- “¿Ese vídeo-metáfora de la disidencia que nos ha puesto, está hecho de verdad en Cuba?” -se pregunta alguien incrédulo- “¿Se puede hablar de homosexualidad?”.
No me sorprenden. Era de esperar. Y él también lo esperaba. En decenas de ciudades europeas le habrán hecho la misma pregunta. Y es que lo poco que sabemos acá de los de allá es lo que nos inoculan los medios de comunicación: censura, represión, falta de libertades individuales es todo lo que hay en esa (maravillosa, según creo) isla del Caribe. Por eso estas son las únicas preguntas que nos vienen a la cabeza.
Entonces yo me acuerdo de algo que ocurrió en 2007, en la Bienal de Fotografía que se celebra en Zaragoza -y que este año, aunque tocaba, no se hizo… ¿sabe alguien porqué?-. No sé si la anécdota es cierta o solo era una coña de redacción, pero se decía que altas instancias eclesiásticas se habían sentido muy ofendidas por una fotografía que representaba una parodia de la última cena. El profesor, mientras yo pienso en esto, recuerda como el director de un museo tuvo que pedir perdón por unas imágenes explícitamente sexuales expuestas en sus salas.
Sé poco de Cuba, así que no diré que es el paraíso de la libertad, ni que es un auténtico infierno vivir allí. Pero mucha gente que piensa que aquello es el infierno debería sopesar el grado de libertad que se vive en España. ¿Dice la prensa lo que quiere, lo que puede, lo que vende…? ¿Se acomoda el arte a lo políticamente correcto para evitarse problemas? ¿Tienen los artistas españoles de hoy la conciencia del deber de transmitir una realidad social y transformarla? Creo que, en este aspecto, Cuba y España no andan tan lejos una de la otra.
*La imagen es un fotograma del vídeo “El que no sabe es como el que no ve”, de Lázaro Saavedra
Llevaba semanas queriendo escribir este post, para demostrar con hechos que el domingo, en Zaragoza, es una mierda, hacer un alegato en favor de ese día menospreciado y abandonado a la resaca, la desidia y los telefilmes.
En las ciudades plagadas de estudiantes y viajeros, de forasteros desarraigados, como París, como Berlín, como Madrid, los domingos son una fiesta: rastro, cañas, remoloneo en las plazas al sol… En ciudades tradicionales, como Zaragoza, el domingo significa paella en casa de la abuela y poco más. Cierran los museos, cierran los bares del centro, el cine es caro y lo de remolonear por las plazas es bastante inusual, y casi mal visto.
Si, lo tenía muy claro desde hace semanas. Y pensaba: este domingo lo escribiré, aunque sea un topicazo. Pero siempre venía alguien, o mejor dicho, algo, a alegrarme ese día negro: el parque de las marionetas, las canciones de Nueva Vulcano sonando a tope, los puestos de la plaza San Francisco, la exposición de Pepe Cerdá, un café en el Entalto, hojas amarillas que se caen a borbotones, la historia de Hypatia… Y así, como decía, a este post se le pasó de fecha de caducidad.
Ahora estaba pensando en escribir uno sobre lo duro que resulta levantarse de la cama el lunes por la mañana… a ver si también se pasa de fecha y hoy merece la pena despegarse las sábanas…