El museo escondido

Hay museos conocidos y reconocidos en la ciudad, como el Pablo Gargallo o el Camón Aznar, que no necesitan publicidad, pues les avalan miles de visitas anuales. Pero hay otros escondidos, casi ocultos, infravalorados o descuidados. Uno de esos lugares  es el Museo Paleontológico de Zaragoza, situado en el interior de la Facultad de Geología de la Universidad de Zaragoza, y que alberga “especímenes fósiles de plantas y animales vertebrados e invertebrados que ilustran la historia de la tierra desde el comienzo de la vida”. El museo -apenas una sala de 100 m2- es pequeñito y su contenido está claramente orientado a los escolares, que componen la mayoría de sus 5.000 visitas anuales.

Descubrí su existencia gracias a dos reportajes que Soledad Campo publicó hace unos meses en Heraldo, primero anunciando que el museo iba a cerrar, y semanas más tarde, que se había llegado a una solución “in extremis” para mantenerlo abierto. Al parecer, no es la primera vez que el futuro de esta institución se pone en duda, ya que las noticias sobre el cierre se han producido periódicamente y su presupuesto es cada vez más limitado.

Las noticias me picaron la curiosidad, y la verdad es que esperaba encontrar algo más en la sala del museo, tal y como prometía a primera vista su página web, con piezas sobre botánica, entomología, zoología… Así que encontrar una sala con una decena de vitrinas fue una pequeña decepción. Ni rastro de las mariposas que yo andaba buscando.

Después nos explicaron que los contenidos que componen la colección de Longinos Navás se exponían originalmente en el Paraninfo de la Universidad, y desde su restauración, permanecen bajo llave aguardando la unificación de ambas partes del museo en el edificio de la plaza Aragón.

Será un bonito final, cuando se cumpla, para esta institución que tiene más de 25 años, y que mantiene vivo aunque a medio gas el deseo de que la ciudad cuente con museos científicos. Pero parece que Zaragoza no tiene suerte con los museos de la ciencia: el último proyecto, planeado para la Harinera de San José, dio sus primeros pasos en 2010, para quedarse parado.

De momento y mientras llega la hora de tener un gran museo de paleontología o de historia natural en la ciudad, si pasáis por la universidad y tenéis cinco minutos y algo de curiosidad, no dejéis de visitar la sala de Geológicas. Aunque no haya mariposas ni esqueletos de tiburones capturados en el Huerva, poder visitar un museo escondido es algo que no pasa todos los días.


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2 respuestas a El museo escondido

  1. Lucas dijo:

    Qué grande Isa, por un momento he vuelto a mi infancia, cuando de escolar visité ese museo… creo incluso recordar las mariposas que ahora permanecen bajo llave…

  2. Blankiwi dijo:

    La exposición Longinos Navas también pertenece a mis recuerdos de infancia. Los sábados por la mañana mi padre me llevaba a la biblioteca y luego a un museo, y mi favorita era esa exposición de animales disecados: escarabajos dorados, verdes, aves perdiendo plumas… Pero siempre me dejaban con la boca abierta dos enormes cuernos de narval. Eran los que más daban para imaginar animales mitológicos submarinos…

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