Enamorados de Japón

Yo no sabría decir de donde viene mi fascinación por Japón, pero creo que la culpa de que saltara la primera chispa la tuvo un japonés, alto como nunca había visto ninguno, que apareció en nuestra vida hace muchos años por casualidad. Siempre había deseado aprender otras lenguas que no se parecieran en nada a las latinas, porque siempre he creído -y aprender inglés o italiano lo confirmaron- que es la lengua la que determina en cierto modo qué piensas y cómo lo piensas. Y la presencia de Nobu fue lo que inclinó la balanza al japonés.

Así fue como me decidí a empezar a aprender esa lengua, y aunque el intento quedó en un pequeño fracaso -muchos euros invertidos en clases y libros y muchas horas dibujando hiragana, katakana y kanjis que ahora soy incapaz de recordar- aquel año de clases me sirvió para acercarme un poco a ese país que tan lejos parece estar, pero que nos tiene tan enamorados.

No soy la única que siente fascinación por Japón, aunque los hay mucho mas apasionados que yo. En los años que llevo paseándome libreta en mano por Zaragoza he encontrado bastantes ejemplos, y he intentado escribir siempre que he podido sobre aquellos que cada día acercan trocito del país nipón a mi ciudad.

Me estrené en estas historias gracias a las chicas de la asociación Giro Cultural, que aunque no quedaron muy contentas con el reportaje, me abrieron la puerta a un mundo desconocido hasta entonces para mí: el de la moda de las ‘lolitas’ o el visual key… Desde su asociación promueven fiestas, charlas, desfiles y participan activamente en los salones del cómic y jornadas de manga que hay en Zaragoza. Su blog es una buena forma de estar al día de estas citas.

El orientalismo también tiene su vertiente más académica. La Universidad de Zaragoza es la sede de de la Asociación de Estudios Japoneses en España, que desde 1992 promueve y difunde los estudios sobre Japón que se hacen en este país. Hace un par de años celebraron un congreso en la facultad de Filosofía y Letras y allí coincidí de nuevo con Elena Barlés, profesora especializada en el arte oriental, que sabe trasmitir a sus alumnos y a cualquiera que hable con ella su amor por lo que llega del archipiélago del Pacífico.

Fueron ella y David Almazán quienes me descubrieron la existencia en el Museo de Zaragoza de la colección Torralba-Fortún de arte oriental (aquí, un artículo en ‘Artigrama’ sobre ella), una auténtica joya que hasta hace unos días no había podido visitar en su ubicación en la plaza de los Sitios. Ocupa apenas una sala, una de las más pequeñas del museo, pero la colección se compone de cientos de piezas y una extensa biblioteca que Torralba coleccionó durante años. Hace poco los objetosque se exponían desde 2002 fueron cambiadas, siguiendo el deseo del historiador de que la muestra rotara, y coincidiendo con un tiempo en que la sala estuvo cerrada para dar cabida a otras exposiciones. Desde hace unos meses pueden verse en este espacio preciosas lacas de los siglos XVIII y XIX, jarrones, ‘sozuribako’ o juegos de escritorio, tallas de jade y turquesa y grabados ‘ukiyo-e’ -el mundo de lo efímero- de autores como Hiroshige.

Otra asociación que también promueve las relaciones entre los dos países es Aragón-Japón. Su presidenta, Kumiko Fujimura, es también una artista que practica el ‘sumi-e’, o pintura con tinta sobre papel. Gracias a ella, ahora mismo se pueden ver en la galería Calvo i Mayayo los cuadros de Whang Shi Ming, un autor chino aunque afincado en Japón, cotizado -según me dijeron- y muy amable como pude comprobar en la inauguración. También están allí las figuras femeninas de Kumiko, entre otros objetos de diseño japonés.

Estas son solo unas pocas pinceladas rápidas de algunos de los aspectos de la cultura japonesa que pueden encontrarse en Zaragoza. Hay muchos más: floristerías que enseñan ikebana, talleres para aprender a cocinar sushi o restaurantes donde, directamente, ir a comer estupendos platos japoneses; incluso ir a uno de esos bufets orientales, donde el ‘sashimi’ se mezcla con los fritos españoles, pero que son una opción asequible.

Y si nos sabe a poco, siempre nos podremos liar la manta a la cabeza, ahorrar para poder pagarnos el billete de avión y seguir los pasos de la fotógrafa María Torres-Solanot. En su blog ‘Me gusta Japón’ podéis ver parte de su recorrido por Japón, pero ojo, que pone los dientes largos. Habrá que empezar a llenar la hucha.

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2 respuestas a Enamorados de Japón

  1. darribas dijo:

    El viernes pasado estuve hablando con americano/japones y me dijo que habia vivido 4 agnos en Tokyo, a lo que respondi que es una de las ciudades mas altas en el ranking de lugares de planeta por visitar antes de morir. Me pregunto que por que era asi y se me quedo una cara un poco de tonto, no supe responder; es curioso xq desde siempre japon ha sido un sitio al que he querido ir sin saber muy bien porque…

  2. Marta dijo:

    En mi caso, la fascinación por Japón nació con el manga y el animé, pero con el tiempo comprendí que no era el arte del cómic o de la animación lo que más me gustaba del país sino la estructura mental que se escondía tras las historias. Japón es un gran inconsciente enigmático para los occidentales; creo que es eso lo que nos atrae tanto.

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