La educación que nos dieron

Nací los 80, en Zaragoza. Llevé chándal de tactel con rodilleras y merendaba bocadillos de mortadela envueltos en Albal. Cambiaba cromos y cartas de colores.  Saltaba a la comba –pero mal, porque siempre fui torpe- y jugaba a las canicas y a esos juegos de palmas. Vamos, como cualquier niña de mi generación.

Pero  tuve la suerte –o la desgracia, quien sabe- de haber ido a un cole peculiar, el Lestonnac, en el barrio de Torrero. Un colegio de monjas que no llevaban hábito, donde había profesores seglares y laicos y no había crucifijos por todos lados, donde muchos niños no estábamos bautizados; un colegio de integración donde desde los 4 años niños “normales” y niños con enfermedades y discapacidades se educaban en las mismas clases sin hacer distinciones; una escuela donde había niños de diferentes etnias cuando en Zaragoza la inmigración era un fenómeno minoritario. Era, como contaron los profesores en el momento del cierre, un colegio que ponía los valores de la solidaridad y la diversidad en todas las facetas de los proyectos educativos –como en todo, hubo desgraciadas excepciones, profesoras bordes, familias que no entendían esto, en fin…- y que actuó durante mucho tiempo como centro social del barrio, además de escuela. El artículo enlazado en este párrafo lo cuenta de maravilla, merece la pena dedicarle tres minutos.

Sí, probablemente fue una suerte. Conservo muchos amigos de los que tenía entonces, igual que mi hermano. Compartimos una infancia y también una forma de entender el mundo, y ambas van ligadas al que fue nuestro cole. Por eso me supo tan mal que el colegio cerrara sus puertas, allá por 2005. Era como ver que desaparecía algo casi único y cargado de historia. Hubo quejas al Justicia, un intento de cooperativa de profesores para mantener abierto el centro, una negociación mediada por la DGA,  pero todo fracasó. Las intenciones de la Compañía de María, la propietaria del centro, eran claras: “En 1999, la Compañía de María solicitó al ayuntamiento la recalificación de los terrenos donde se ubica el Lestonnac (en el camino de Cuarte, junto a los Pinares de Venecia), pero el consistorio denegó esta petición. Más tarde decidieron cerrar el centro alegando problemas económicos y de vocaciones religiosas”, publicaba El Periódico de Aragón en 2004. El colegio, que en su día estaba a las afueras de la ciudad, hoy está en un terreno goloso, dentro del margen del tercer cinturón, rodeado de casas nuevas, una piscina, un parque. Un bombón en pleno ‘boom’ inmobiliario. Pero no se salieron con la suya. Los niños se reubicaron en otras escuelas, el cole cerró, tapiaron la entrada principal, y apenas se ha usado en estos años, alquilado a empresas como taller. Lo visité hace un par de años con mi hermano y nos dió mucha pena ver que estaba vandalizado y abandonado.

Me fastidió que cerrara sus puertas hace cinco años igual que me alegró mucho que las volviera a abrir hace unos meses, convertido en el C. S. O. La Vieja Escuela. Poco después de la inauguración del centro social, Heraldo publicó que la comunidad islámica se había interesado por el suelo para construir un centro cultural y mezquita, aunque sin acuerdo. Un movimiento cuanto menos peculiar para unos terrenos de los que, en cinco años, apenas se había sabido nada. Pero a día de hoy, no ha habido más noticias oficiales en torno al colegio y su futuro.

Así que mientras tanto, el Lestonnac sigue teniendo una segunda vida, y en él hay música, tienda gratis, comedor, cine de verano y otras actividades, como el hackmeeting 2010. Estuve hace unas semanas en un concierto y aunque fue chocante entrar allí de nuevo –como cuando vuelves de vacaciones, todo se ve más pequeño de lo que lo recordabas- me gustó ver que ese edificio sigue albergando de alguna manera el espíritu de esa educación que nuestros padres nos quisieron dar. Seguro que alguna profesora bruja –que las tuvimos, y unas cuantas- se habrá llevado las manos a la cabeza. Algunos ex-alumnos están indignados, no lo dudo. Yo les recordaría que fueron ell@s quienes nos enseñaron que había que compartir, que la dignidad era un derecho, que la diversidad era necesaria, que la pobreza era un mal a erradicar, que había que pelear contra la especulación.

Pues bien, esta es la educación que nos disteis.

(La foto es del blog de Primo, gracias!)

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2 respuestas a La educación que nos dieron

  1. Pingback: Lestonnac, la vieja escuela, en Solilokio | El blog de Inde

  2. Mamen dijo:

    Hola Isabel.
    Leyéndote, me has removido mis historias con la CIA… Estudié con las de la calle Bilbao con “las otras”. Debía acabar el Cou cuando tu empezabas el preescolar. Digo “las otras” pero también con cariño, como sólo puedo recordar esos años de educación… pero, inevitablemente, las comparábamos con las del Lestonnac. No entendíamos muchas de nosotras, como siendo la misma Congregación, eran tan distintas. Tú lo has escrito muy bien “fueron ell@s quienes nos enseñaron que había que compartir, que la dignidad era un derecho, que la diversidad era necesaria, que la pobreza era un mal a erradicar, que había que pelear contra la especulación”…así eran, sí… las de Torrero y, recuerdo con emoción a Charo, la que me parecía más distinta de las que convivíamos todos los días y que me llevó a conocer a algunas monjas del Lestonnac… “brujas”, habría, claro, pero si hubo algún momento en mi vida en que mis esquemas se tambalearon, fue entonces y todo gracias a conocer otra manera más solidaria de mirar el mundo, o por lo menos, así lo siento y pienso.
    Un abrazo

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