El museo y la grieta

El Centro de Historia es algo más que un museo. Representa unas intenciones urbanísticas, una estrategia cultural municipal y también es reflejo de cómo los zaragozanos se relacionan con las instituciones culturales. Su historia y sus contenidos actuales lo hacen muy interesante y además, es único en la ciudad. Por muchas cosas -estar en mis rutas habituales, haber escrito a menudo sobre él y sus exposiciones, disfrutarlas como espectadora en los últimos tiempos- lo siento cercano. Esta semana, las exposiciones que hemos visto allí y la información que publicó Soledad Campo me han dado ganas de decir unas cuantas tontadas sobre él, ahora que parece que está a punto de dejar de ser Centro de Historia, o de empezar una nueva etapa.

El museo se inauguró en 2003, dedicado a la historia de la ciudad, y con la intención de ser un equipamiento cultural que llevara a los ciudadanos de otros barrios a cruzar la Magdalena, un barrio tradicionalmente deprimido y estigmatizado. La estrategia inicial, es decir, que fuera un museo que reflejara la historia de la ciudad en una muestra estática, no cuajó.  En aquella época debió tener muy pocas visitas -no he encontrado el dato- por lo que el área de Cultura se plateó un cambio de estrategia que conllevó rifirrafes políticos.

Estaba claro que ese museo no era lo que la ciudad quería, ni atraía a los turistas, ni cumplía su objetivo de “revitalizar la Magdalena” -con todo el miedo que da esa idea, pero esa es otra historia y ya fue y será contada en otro lugar-. Para conseguirlo, había que ampliar el número de visitantes y su perfil, tal vez más joven, que vuelva varias veces al año para ver que encuentra, y claro, que encuentre siempre algo nuevo. Por ese lado, creo que el CdH lo ha conseguido, y hay gente que va de vez en cuando “porque siempre hay cosas chulas”. Imagino que a eso se refería Zarzuela en el link que hay más arriba con el “rentabilizar” el espacio, y que no se quede solo con la cuestión cuantitativa -en 5 años, se han multiplicado por 13 las visitas anuales-.

El reto de la institución es ahora darle a ese visitante siempre algo nuevo que le pueda interesar -aunque sea para ponerlo a parir, que eso va mucho con nuestro carácter maño-. Para un reportaje que escribí hace unos meses, el director del centro me contaba que intentan no marcar un perfil muy definido de visitante y que las exposiciones estén “compensadas”. No siempre es fácil, pero en algunas exposiciones, como la de papiroflexia, consiguieron unas visitas de record -más de 40.000- y que mucha gente que nunca se había acercado al centro, lo hiciera entonces.

Leo la memoria de los últimos cinco años de actividades del centro, y recuerdo haber visto muchas exposiciones estupendas como la de la Brigada Lincoln, la de la historia de la fotografia en España, la de fotos del Colectivo Anguila, la de Vistas de la Ciudad, la de USA Today, o la que hay ahora de Quito en Zaragoza… Pero para mí lo que tiene más mérito del Centro de Historia es haberle abierto la puerta y haberse sabido amoldar a los colectivos que les han pedido el espacio y haberse puesto en relación con la ciudad y sobre todo, con su entorno más cercano, como Zaragoza Rebelde o la Arrebato.

No está exenta de contradicciones esta postura, y hay quien no puede entender que colectivos de este tipo colaboren con la institución, la hagan propia. Siempre está sobrevolándonos la duda de si el contenido pierde independencia o se desvirtua por entrar en el museo, en un museo pagado por la institución contra la que a veces se pelea. Pero en el fondo, el CdH es un museo público, o sea de todos, o así debiera ser, y en ese caso no debería haber ningún peligro de contaminación. Y lo que pueda perderse en independencia a la hora de expresarse, si es que se da cierta censura o autocensura en los contenidos, se gana en visibilidad y cercanía. ¿De qué otra forma Arrebato o Zaragoza Rebelde, por ejemplo, habrían congregado en sus exposiciones a gente variada, fuera de su propio círculo de influencia? o planteándolo al revés ¿De qué modo un público joven habría visto exposiciones sobre Los Sitios, o los pintores paisajistas zaragozanos?. Sí, la combinación es difícil, pero es aquí donde puede valorarse  la flexibilidad del museo y saber si lo que allí se expone, debate y crea hace que el museo se agriete [*]


Pero no todo van a ser flores, que el CdH tiene muchas cosas que mejorar. Al margen de haber dejado de programar conciertos -según me explicaron, se debe a que su claustro es también el patio del albergue Municipal- o de haber cerrado su tienda-librería, hay muchos puntos en los que podría mejorar, como en ofrecer visitas guiadas, talleres relacionados con las exposiciones, un personal que conociera mejor el contenido de las salas y no estuviera allí solo para vigilar…

Y su gran laguna está en Internet. No tienen ninguna presencia en las redes sociales, ni tampoco lo están en la web. Esta es toda la información que hay en la web municipal. Nunca cuelgan los catálogos de las exposiciones, tampoco envían una newsletter -la he pedido en varias ocasiones, y solo alguna vez esporádica me llega información sobre exposiciones, y nunca de ciclos de cine o de las muchas charlas que allí se organizan-, ni siquiera actualizan un blog. Y actualmente, no tener un espacio propio en Internet y pretender ser un centro de cultura contemporánea me parece un gran error.

Ahora, dicen, el museo va a cambiar de nombre a otro que refleje mejor su carácter de Centro de Cultura Contemporánea, que es lo que realmente es. Y además, poder seguir atrayendo cada día a más gente. Creo que la calidad en las exposiciones que producen o importan -¡qué ganas de ver la de los ‘quinquis’ organizada por el CCCB!- está en un nivel alto. Pero hay muchas cosas que hacer para seguir mejorando.

[*] La imagen es de una obra de Karina Cortez, titulada “Fuga”. Usa palabras recortadas de textos de historia, y redistribuidas en la pared, “formando frases incompletas a modo de grieta en la estructura arquitectónica o institucional que la sostiene. El proceso de deconstrucción de los relatos de la historia que organizan nuestro pasado y tejen el imaginario colectivo, se da a partir de filtraciones o fugas en la estructura y fuera del orden del texto oficial”. Es una de las obras que forman parte de la exposición Quito en Zaragoza.

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