Angustia, ironía y fuegos artificiales

La semana pasada dio para ver otras exposiciones y poder escribir sobre ellas. El Muévete publicó otro reportaje sobre artistas zaragozanos, en este caso, una combinación de artes plásticas. Me gustó la exposición pero aún me gustó más el hecho de que, al trabajar por mi cuenta y con mis horarios, puedo dedicarles a las cosas el tiempo que necesitas. Fue mucho mejor verla con ellos, notar un poquito el pudor del artista que ha puesto lo que es él mismo en la obra, y también la pasión al explicar los porqués que hay detrás de cada obra y el interés por saber cuál era mi interpretación, ya que básicamente es una exposición que destaca por los conceptos más que por la forma en sí, desde mi punto de vista, lo que no significa que las fotos y dibujos no sean buenos.

Como siempre hago en cada exposición a la que voy, me quedo con una obra y es ‘Estudio’, de Alejandro Ramírez, vídeo al que pertenece el fotograma que ilustra este post. La imagen de los fuegos artificiales en el tejado me parecía una metáfora sugerente.

Podéis pinchar aquí para leer el reportaje en Heraldo.es, pero por si os da pereza, os lo pego aquí.

Comparten amistad, viajes, referencias culturales, preocupaciones artísticas y ambición en el mundo del arte, además de un elaborado discurso en torno al porqué y cómo de su quehacer. Divergen en el medio: Jorge Fuembuena (1979) usa la fotografía “para comprender el mundo”; Álvaro Díaz-Palacios (1981) expresa el miedo, la violencia, el mito a través del dibujo y el diseño -en su pieza el marco es tan esencial como el dibujo dentro de él-, y Alejandro Ramírez (1981) construye “escenografías en las que desarrollo una acción que luego filmo”, explica. El resultado de su trabajo son pequeñas piezas de vídeo.

Una reflexión compartida en torno a las preocupaciones universales del ser humano y una invitación del Cuarto Espacio de la Diputación de Zaragoza para exponer allí -los tres fueron becarios de la institución- han dado como resultado ‘I’m happy and I’m singing and 1, 2, 3, 4…’, exposición con ritmo y título musical, referencia al disco del músico experimental Jim O’Rourke, cargado de desasosiego, que resultaría una buena banda sonora para el proyecto de los tres zaragozanos.
Es también un título irónico, que viene a significar, por usar un refrán, “al mal tiempo, buena cara”. “Desconfianza”, “incertidumbre”, “amenaza”, “desorden” o “cáos” son palabras que pueblan el discurso de estos tres zaragozanos, pero nadie lo diría en esta terraza, en la tarde soleada en la que explican el trabajo que han desarrollado en el último año y medio. La cosa cambia una vez en la sala: salpicaderos de coches destrozados, dibujos que aluden al suicidio o a la muerte, escenas de soledad y de incomunicación… Y todo contado “desde un punto de vista frontal, sin adornos, con honestidad”. La exposición es también una llamada a la participación del espectador, que ha de completar una obra “polisémica”, como la define Fuembuena, y muy sugerente, añadimos nosotros. Aunque atareados en sacarle todo el partido a esta exposición, ya apuntan a otros proyectos que van más allá de las fronteras de la tierra. “Somos aragoneses y trabajamos aquí, pero nuestro trabajo se ve y se reconoce en otras partes del mundo”. Díaz-Palacios ha trabajado y expuesto en Estados Unidos, Ramírez en Latinoamérica; Fuembuena ha sido fotógrafo oficial de ARCO, acaba de recibir la mención de honor en el premio ‘El Cultural’ del magazine de ‘El Mundo’ y expondrá su obra en el próximo Seminario de Fotografía y Periodismo de Albarracín junto a grandes nombres de la fotografía española.

Si te quedas con las ganas después de ver esta exposición, otro apunte: los tres van a realizar instalaciones para el ciclo ‘Kill the author’, que la joven comisaria Clara Piazuelo ha preparado para el Corner de Caja Madrid (en el paseo de la Constitución). En estos momentos puede verse la de Ramírez; el 2 de julio la sustituirá, hasta mediados de agosto, una de Díaz Palacios. El 11 de noviembre, y tras ver el trabajo de Carol Antón, será el turno de Fuembuena. Ellos, de todas formas, siguen preparando nuevos trabajos, en un ‘loop’ hacia arriba (¿o hacia abajo?), celebrando el trabajo que acaba y que vuelve a empezar con fuegos artificiales en el tejado. Y cantando y un, dos, tres, cuatro…

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