Los jueves son los nuevos viernes

La vanguardia es lo que va por delante. Y por eso acaba quedándose atrás, convirtiéndo el futuro en nuestro hoy.

Si los surrealistas ojearan hoy una revista cualquiera, se sorprenderían y, en muchas ocasiones, se sentirían plagiados. La estética que ayer era un shock, hoy es una poética totalmente asimilada a nuestros gustos más estandar.

Es lo que he pensado después de ver la exposición “Twilight visions: Surrealism, Poetics and Paris” en el Internacional Center of Photography de New York. Y así lo vio también el crítico del New York Times… conste que el artículo lo he encontrado después, pero hemos coincidido en unas cuantas cosas.

Los surrealistas buscaban, segun los textos de la exposición, mostrar esa realidad oculta bajo la belleza de la ciudad: por eso Brassai fotografía los adoquines mojados de París, sin referencia alguna al espacio. Por eso Kertesz encuadra la ventana de su vecina desde arriba, buscando un ángulo imposible que muestre algo que el paseante no puede ver, o fotografíaron la sombra de la torre Eiffel, o la calle a través de un reloj transparente…

La búsqueda del otro ángulo es también la búsqueda del otro yo, el yo deformado: Claude Cahun se disfrazaba, Kertesz retrataba mujeres desnudas distorsionadas mediante espejos, Bellmer construía muñecas dobles…

Y, mediante los retratos, avanzaron esa idea de la fotografía como medio capaz de revelar, parando el tiempo, lo que al ojo se le escapa en movimiento.

Hoy, todas estas cosas nos parecen lo natural, e incluso los fotografos aficionados huyen de las composiciones clásicas, los retratos posados y las fotos que hacen aparecer las cosas tal y como son. Tal vez sea una asimiliación de la estética de las vanguardias, tal vez una constatación de que nada tiene una sola visión posible, año así como una vuelta al relativismo en la era del sobreconocimiento.

Sea como sea, merece la pena haberse encontrado en esta mañana lluviosa con el ICP.

La imagen de Man Ray que abre este post no tiene título, aunque se conoce como Calla Lillies. Esos contornos tan especiales que tiene la foto se consiguen con un ‘truco’ de laboratorio que se llama solarización. Aunque seguro que también lo hace Photoshop. La fotografía de las gárgolas de Notre Damme es de Brassaï. La mujer del gato negro es Leonor Fini, vista por Dora Maar.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Cosas de la luz, De exposición, En Nueva York y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s