La crueldad dominical

Llevaba semanas queriendo escribir este post, para demostrar con hechos que el domingo, en Zaragoza, es una mierda, hacer un alegato en favor de ese día menospreciado y abandonado a la resaca, la desidia y los telefilmes.

En las ciudades plagadas de estudiantes y viajeros, de forasteros desarraigados, como París, como Berlín, como Madrid, los domingos son una fiesta: rastro, cañas, remoloneo en las plazas al sol… En ciudades tradicionales, como Zaragoza, el domingo significa paella en casa de la abuela y poco más. Cierran los museos, cierran los bares del centro, el cine es caro y lo de remolonear por las plazas es bastante inusual, y casi mal visto.

Si, lo tenía muy claro desde hace semanas. Y pensaba: este domingo lo escribiré, aunque sea un topicazo. Pero siempre venía alguien, o mejor dicho, algo, a alegrarme ese día negro: el parque de las marionetas, las canciones de Nueva Vulcano sonando a tope, los puestos de la plaza San Francisco, la exposición de Pepe Cerdá, un café en el Entalto, hojas amarillas que se caen a borbotones, la historia de Hypatia… Y así, como decía, a este post se le pasó de fecha de caducidad.

Ahora estaba pensando en escribir uno sobre lo duro que resulta levantarse de la cama el lunes por la mañana… a ver si también se pasa de fecha y hoy merece la pena despegarse las sábanas…

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